Los cuatro jinetes del Apocalipsis [Libro Vs Película]


Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero la historia demuestra que somos capaces de tropezar infinidad de veces con la misma montaña. Siguiendo con las reseñas que estamos dedicando al centenario de la IGM, abordamos ahora un clásico imprescindible que nos hace preguntarnos tantas cosas.

Los 4 Jinetes Del Apocalipsis – Vicente Blasco Ibáñez [Libro]

Como en muchos casos, Vicente Blasco Ibáñez es un escritor enorme, con una reputación y un crédito a nivel internacional, que en su propio país no recibe el reconocimiento que debiera. Su liderazgo republicano, antimonárquico y anticlerical le enemistó con la derecha, y sus fulgurosos ataques al nacionalismo catalán en diversos artículos del Diario El Pueblo provocan la repulsa de la izquierda nacionalista regional por lo que, una vez más, se politiza la cultura según interese a los promotores respectivos.

Centrándonos en el libro que analizamos, lo primero que destaca es que D. Vicente, tras asistir por petición del propio Poincaré (presidente francés) a la línea del frente bélico, lo publicara en 1916, antes de la finalización del conflicto. La experiencia política y la lucidez analítica del escritor valenciano le sirvieron para dilucidar lo que estaba pasando en Europa.

El autor nos presenta a una familia argentina con raíces europeas que, al igual que la propia Europa, se va a resquebrajar con motivo de la IGM. Don Marcelo Madariaga, el patriarca vio cómo sus hijas se casaron con dos hombres de distinta ascendencia, francesa y alemana, que están a punto de entrar en guerra. Su nieto Julio Desnoyers, de la parte gala, es un joven desenfadado y libertino que sirve de ejemplo a la evolución del pensamiento familiar. Desenfrenado y disoluto al principio, entregado a todos los placeres que la vida le puede ofrecer, y comprometido y entregado al final, alistándose en el bando francés.

Blasco Ibáñez se decanta, en la mayoría de capítulos, por dar preponderancia a sus ideas en forma de narración continuada, dejándonos la piel erizada y los ojos muy abiertos ante la tremenda visión que nos muestra. Sus discursos narrativos y la puesta en escena de determinadas ideas dan mucho que pensar y nos convencen de la idea comentada en la introducción. El auge de los nacionalismos, la creencia en la supremacía de la raza, la invención de bulos que justifican la idealización de todos sus pretextos políticos, etc… Cuando los familiares de la rama germana, los Von Hartrott, sueltan la lengua, nos traen a la cabeza discursos tan actuales y tan cotidianos, 100 años después, que nos entra el miedo en el cuerpo.

Y lo que realmente da más pavor, es que la visión que nos ofrece el escritor viene, en un 90%, reflejada desde el punto de vista social ya que la guerra apenas aparece en el último cuarto del libro. Como ya he dicho, los diálogos son escasos, pero muy representativos de lo que quiere transmitirnos, dejando claras sus ideas porque la guerra, el hambre, la peste y la muerte están al acecho para azuzar a sus caballos y traer el desorden y el caos.
 
Un siglo después estamos viendo como los nacionalismos están resurgiendo de nuevo, como un autor, un personaje público puede determinar su afiliación a nuestros gustos, no por la calidad de su trabajo, sino por el contenido de sus declaraciones. Y es aquí donde esta obra, esta magnífica novela, cobra mayor valor si cabe, conviniendo rescatarla del olvido para que el ser humano no olvide el pasado.




 Los 4 Jinetes del Apocalipsis – Vincente Minnelli [Película]


En 1921, Hollywood ya la adaptó al cine, con el icono del momento, Rodolfo Valentino, al frente del reparto, y Rex Ingram encargado de la dirección. Fue un gran éxito de público y taquilla, pero viajamos 40 años después, cuando la MGM de la mano de Vincente Minnelli, retomó la novela de Blasco Ibáñez para, adaptándola por obra de John Gray y Robert Audrey a los hechos acaecidos durante la IIGM, llevarla a la gran pantalla con Glenn Ford, Charles Boyer, Lee J. Cobb o Paul Henreid entre los nombres más conocidos.

Los títulos de crédito sobre un fondo nublado, amenazante de tormenta, y la dramática banda sonora de André Previn, anuncian la tempestad que se nos viene encima.

Empezamos en 1938, en la pampa Argentina, donde el patriarca de la familia Madariaga da una fiesta en su hacienda con todos los trabajadores, y su nieto Julio se une desde muy lejos para acompañar la celebración de su abuelo.

De ahí, con ese ambiente festivo, de jolgorio, con música y bailes, pasamos a una cena familiar en la que las dos ramas de la saga Madariaga se vuelven a juntar tras mucho tiempo. Las dos hijas de D. Julio (Lee J. Cobb) se casaron con un francés, Marcelo Desnoyers (Charles Boyer), y un alemán, Karl von Hartrott (Paul Lukas). Julio Desnoyers (Glenn Ford) estudió ingeniería y pintura en Francia, y Heinrich von Hartrott (Karlheinz Böhm) fue a Alemania para estudiar medicina.

Desde el inicio vislumbramos la enorme tensión reinante en el salón, donde los 4 jinetes forjados en oro presiden la chimenea que da calor al hogar y fuego al carácter. Fuera estalla la tormenta, y los nubarrones que anunciaban los créditos prenden la chispa que la esperada conjunción de la sangre revierte en disputa irreversible del nacionalismo supremacista. Los 4 jinetes se apoderan del comedor y, la peste, la guerra, el hambre y la muerte, rompen el vínculo sanguíneo con un memorable soliloquio de Lee J. Cobb dando aliento a la cordura.


Pasamos a París, donde Julio vive desenfrenado, disfrutando de su neutralidad y falta de compromiso y ambición, pero la guerra se ha convertido en el único tema de conversación. El policromado colorismo de la MGM coge mucho protagonismo, pero el discurso de los diálogos es tan poderoso que no logra ofuscarlo.

Y aquí es donde Hollywood aparece en todo su poder, metiendo una historia de amor entre Julio y la esposa de uno de los mejores amigos de su padre, Etienne Laurier (Paul Henreid), que está involucrado en la resistencia y entrelaza la trama amorosa entre Julio y Marguerite Laurier (Ingrid Thulin) con la bélica y social propia de la invasión nazi.

Este tramo romántico, utilizado como gatillo para activar la conciencia del galán franco/argentino, es el más alejado de la obra del escritor levantino. Minnelli juega con su maestría en el campo del melodrama para acompasar la revolución del corazón del ingeniero francés y del cerebro del pintor argentino.

El guión de John Gay y Robert Ardrey cambian al Káiser Guillermo II por Adolf Hitler, la IGM por la IIGM, pero el discurso tiránico y supremacista unen ambas contiendas, y sirve para trasladar el texto del autor valenciano a la Europa de finales de los años 30 del siglo XX.

La trasformación moral de Julio se completa. Las revueltas callejeras, el salto de la conciencia, el despertar de la verdad van de la mano hasta un primer plano de los ojos de Glenn Ford que deja claro que su mirada ha cambiado, y que los 4 jinetes campan a sus anchas entre las fiestas, las calles, las cenas y el colaboracionismo para sobrevivir, porque bajo esa pátina de jovialidad cabalgan la peste, la guerra, el hambre y la muerte.

No es redonda y deja de lado la parte más cruenta de la novela, pero tiene un mensaje tan claro y marcado, envuelto en un drama familiar, social y romántico, que no puedes dejar de sortear las piedras que nos hacen tropezar tantas veces, de esquivar las coces de los caballos que montan los 4 jinetes del apocalipsis.

Eduardo Garrido

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