Reseña de 'Media guerra' de Joe Abercombrie

 "Media guerra se libra con espadas, y la otra media con palabras"

Con 'Media guerra' llega el desenlace de la trilogía "El Mar Quebrado", una de las mejores historias de fantasía que he leído hasta hoy y que se sitúa sólo un escalón por debajo de la 'Crónica del Asesino de Reyes' de Patrick Rothfuss.

Quizá mi apreciación pueda parecer exagerada, pero es que es muy difícil que unos libros me lleguen a enganchar tanto e incluso me apetezca volver a leerlos una vez finalizados. La historia que Joe Abercombrie ha creado en torno a el Mar Quebrado es tan atrayente y seductora que casi puedo asegurar que no defraudará a nadie. No necesitas ser un amante de la literatura fantástica, ni está enfocada como parecía en principio a un público juvenil. Es una historia de aventuras, en un mundo ficticio pero que podría haber existido, y con unas lecciones de vida mas alguna que otra moraleja aplicables a cualquier época.

(Esta reseña contiene spoilers del anterior libro 'Medio mundo')

Comienza 'Media guerra' y volvemos a cambiar de protagonistas aunque se mantiene la idea de evolución y crecimiento interior. En esta ocasión tenemos a la princesa Skara de Trovenlandia que se ve convertida en reina debido a una traición del Alto Rey y la Casa Skeken. Tenemos de nuevo a un personaje inocente, empujada sin querer a un mundo feroz que ni entiende ni sabe manejar, y que se ve obligada a forjar un carácter de hierro y a madurar antes de tiempo. Aunque de aconsejarla ya se encarga el padre Yarvi, que nada tiene que ver con ese niño asustadizo que nos encontramos en 'Medio rey' y que guiará los designios de todo el Mar Quebrado en su lucha contra la abuela Wexen. A su lado aparece Raith, un sanguinario guerrero, portaespadas del feroz Grom-Gil-Gorm, dominado por sus propios demonios interiores que se ve obligado a servirla. Ninguno de los dos acabará la historia del mismo modo que la empezó, y los continuos golpes que sufren, en medio de una cruel guerra, serán las lecciones que les acompañarán en su aprendizaje.
Nos volvemos a encontrar con Koll, el simpático tallador ahora convertido en aprendiz de Yarvi, aunque sin saber muy bien lo que quiere para su futuro, y Rin, la hermana de Brand que cobra más protagonismo en la historia. Cuatro jóvenes personajes que serán el eje principal de una crónica en la que el fuego, la sangre y la muerte son igual de protagonistas que la astucia y la intriga política. 
Espina pasa a un segundo plano pero os aseguro que cada vez que aparece lo hace en todo su esplendor y Skifr también adorna algunas páginas con su extraordinaria personalidad.
Grom-Gil-Gorm y Uthil son ahora aliados a su pesar junto a Skara contra el Alto Rey, aunque la lucha es bastante desigual para nuestros protagonistas, algo a lo que el padre Yarvi intenta  poner remedio.

No es éste un libro lleno de batallas  épicas y violencia, pues Abercombrie no pretende centrarse en la guerra en sí misma, sino más bien en cómo afecta esta situación a sus personajes.  Las intrigas y la astucia son tan poderosas como las espadas, y el valor de tomar decisiones iguala al valor de enfrentarse a poderosos guerreros. Así es como Skara y Raith establecen su personalidad y marcan su futuro.
Puede que la empatía del lector con estos personajes sea mucho menor que la alcanzada con Yarvi, Espina o Brand, pero no es una circunstancia que impida disfrutar del libro y la adicción se mantiene inalterable hasta su conclusión, cerrando una excelente trilogía con un final a la altura de lo esperado.

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